NUESTROS PROCESOS

El proceso de producir un tequila de primer nivel, con abolengo, no es sencillo. Se requieren varias etapas, cuidadosamente trabajadas, para lograr una bebida con el grado de complejidad de Loco Tequila Blanco y Puro Corazón. Éste es el compromiso que la marca adquiere con sus consumidores: entregarles una botella con el líquido más refinado del mercado.

Desde hace varios siglos, los nativos domesticaron las agaváceas, entre las cuales se encuentra el agave Tequilana Weber variedad azul. Desde el periodo prehispánico se elaboraba vino de mezcal que los indígenas del occidente de México preparaban para sus ceremonias religiosas. El vino de mezcal —que en náhuatl quiere decir “agave cocido”— era una bebida con fuerte arraigo en todo el territorio. Después de la Conquista se empezó a documentar cómo se preparaba el vino de mezcal que se producía de manera artesanal.

Cuando se autorizó la producción de vino mezcal, las siembras de agave fueron formando lo que después se llamaría paisaje agavero. Con la inauguración del Camino Real Guadalajara-San Blas se acrecentó la necesidad de nuevas fábricas de tequila o tabernas que ofrecieran seguridad y descanso para los visitantes. Las fábricas y destilerías de El Arenal fueron ganando respeto por su calidad. Uno de los objetivos de Loco Tequila, desde el inicio, ha sido recuperar los hábitos artesanales que se llevaban a cabo en la zona y mantener la tradición en el proceso. Lo primero fue elegir plantas de agave azul de la mejor calidad. Los expertos concuerdan en que para que una planta alcance su madurez y su mayor calidad se necesitan al menos seis años. Las condiciones del crecimiento también deben ser óptimas en cuanto a temperatura, sol, viento, precipitación y calidad de la tierra. Los jimadores de la región son quienes mejor saben seleccionar una planta madura: éstas pesan en promedio 40 kilos, pero si se las busca, pueden llegar a pesar hasta 80 kilos. José Antonio Sánchez López es el experto agavero de Loco Tequila, uno de los más reconocidos de la región. Él supervisa todos los procesos en el campo; sólo selecciona las plantas con un nivel de madurez óptimo y se asegura de que estén en su mejor punto.

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Una vez que están jimadas o rasuradas, son llevadas a un horno, donde pasan varios días cociéndose en vapor. Las piñas que son utilizadas para todos los líquidos de Loco Tequila tienen un doble rasurado y se les remueve el cogollo, lo que hace que se conserven sus elementos más puros y evita sabores no deseados. Después de casi tres días en los hornos, parte de las piñas cocidas son llevadas a la tahona, una piedra ancestral de molienda, de unas dos toneladas. Antes era jalada por animales, y ahora, por un motor eléctrico. La tahona macera lentamente el agave para obtener el jugo del agave para que, en la fermentación, los azúcares se transformen en alcohol. Los jugos de agave se transportan a los tanques de fermentación, donde se agregan las fibras maceradas. Otra parte de las piñas se muele en un pequeño molino mecánico.

Para los líquidos base de Loco Tequila se utilizan tres tipos diferentes de fermentación: en contenedores de acero inoxidable; en tanques de madera rescatados de la antigua hacienda y restaurados, y en piletas de cemento. Ésta es una parte fundamental, pues las levaduras trabajan de maneras diferentes en cada contenedor y dan, en consecuencia, resultados distintos. Las levaduras nativas de la destilería hacen por sí mismas el proceso de fermentación y marcan el perfil de los líquidos base de Loco Tequila. Una vez terminado el proceso de fermentación, los mostos muertos pasan a la destilación. Esta nueva etapa se realiza en pequeños alambiques de cobre que ayudan a garantizar la pureza, mientras que el tamaño permite tener un mayor control sobre los cortes.

Es gracias a este riguroso proceso que Loco Tequila logra producir una bebida de extraordinaria calidad, que rescata los valores y la identidad original del tequila, así como los sabores de los agaves y la tierra donde éstos crecen.